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jueves, febrero 5, 2026

Científicos resuelven el misterio de dónde viene la mayoría de meteoritos que caen en la Tierra

Con esta investigación ya se ha identificado el origen de más del 90 por ciento de estos cuerpos, incluso el de grandes asteroides que amenazarían la vida en nuestro planeta, como Bennu.

Un equipo internacional dirigido por tres investigadores del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), el Observatorio Europeo Austral (ESO, Europa) y la Universidad Charles (República Checa) demostró con éxito que el 70 por ciento de todas las caídas de meteoritos conocidas proceden de sólo tres familias de asteroides jóvenes.

Estas familias fueron producidas por tres colisiones recientes ocurridas en el cinturón principal de asteroides hace 5,8, 7,5 y unos 40 millones de años. El equipo también desveló las fuentes de otros tipos de meteoritos; con esta investigación, ya se ha identificado el origen de más del 90 por ciento de estos cuerpos.

Este descubrimiento se detalla en tres artículos, uno publicado el 13 de septiembre de 2024 en la revista Astronomy and Astrophysics, y dos nuevos artículos que se publicaron este 16 de octubre de 2024 en Nature.

Los expertos encontraron que gran parte de los meteoritos que hemos visto caer en la Tierra proceden de tres jóvenes familias de asteroides (conocidas como Karin, Koronis y Massalia) formadas por colisiones en el cinturón principal de asteroides. En particular, la familia Massalia ha sido identificada como la fuente del 37 por ciento de los meteoritos conocidos.

Aunque se conocen más de 70.000 meteoritos, sólo el 6 por ciento se había identificado claramente por su composición (acondritas) como procedentes de la Luna, Marte o Vesta, uno de los mayores asteroides del cinturón principal. El origen del 94 por ciento restante de meteoritos, la mayoría de los cuales son condritas ordinarias, seguía sin identificarse.

De acuerdo con los investigadores, esto puede explicarse por el ciclo de vida de las familias de asteroides. Las familias jóvenes se caracterizan por la abundancia de pequeños fragmentos sobrantes de las colisiones. Esta abundancia aumenta el riesgo de colisiones entre fragmentos y, unido a su gran movilidad, su escape del cinturón, posiblemente en dirección a la Tierra.

Por el contrario, las familias de asteroides producidas por colisiones más antiguas son fuentes ‘agotadas’ de meteoritos. La abundancia de pequeños fragmentos que antaño las componían se ha erosionado de forma natural y finalmente ha desaparecido tras decenas de millones de años de colisiones sucesivas y su evolución dinámica. Así, Karin, Koronis y Massalia coexistirán inevitablemente con nuevas fuentes de meteoritos procedentes de colisiones más recientes y acabarán cediendo su lugar a estas.

Este descubrimiento histórico fue posible gracias a un estudio telescópico de la composición de todas las grandes familias de asteroides del cinturón principal, combinado con simulaciones informáticas de última generación de la evolución colisional y dinámica de estas grandes familias.

Este enfoque se ha ampliado a todas las familias de meteoritos, revelando las fuentes primarias de las condritas y acondritas carbonáceas, que se suman a las procedentes de la Luna, Marte y Vesta.

Gracias a esta investigación, ya se ha identificado el origen de más del 90 por ciento de los meteoritos. También ha permitido a los científicos rastrear el origen de asteroides de tamaño kilométrico (un tamaño que amenaza la vida en la Tierra).

Estos objetos son objeto de numerosas misiones espaciales (NEAR Shoemaker, Hayabusa1, Chang’E 2, Hayabusa2, OSIRIS-Rex, DART, Hera, etc.). En particular, parece que los asteroides Ryugu y Bennu, recientemente muestreados por las misiones Hayabusa2 (Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial JAXA) y OSIRIS-REx (Nasa) y estudiados en laboratorios de todo el mundo, especialmente en Francia, proceden del mismo asteroide progenitor que la familia Polana.

Aún se desconoce el origen del 10 por ciento restante de los meteoritos conocidos. Para remediarlo, el equipo tiene previsto proseguir sus investigaciones, centrándose esta vez en la caracterización de todas las familias jóvenes que se formaron hace menos de 50 millones de años.

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